defending rights and civil liberties

2014

02

JUL

Jóvenes del mundo entero se reúnen en Belfast para compartir estrategias de reforma policial

No es la primera vez que hablamos en este foro del problema de los controles policiales por perfil étnico, esto es, de cómo las minorías étnicas están estigmatizadas y sobre-expuestas a la actuación de la policía...

No es la primera vez que hablamos en este foro del problema de los controles policiales por perfil étnico, esto es, de cómo las minorías étnicas están estigmatizadas y sobre-expuestas a la actuación de la policía. Ahora bien, la etnicidad no es la única característica que está al origen de las actuaciones policiales discriminatorias: la edad (o más bien dicho, la juventud) también es decisiva. En el estudio realizado por el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Valencia sobre Identificación por Perfil Étnico en España se demostró que las personas jóvenes tenían más posibilidades de ser identificadas por la policía que las personas mayores. La desproporcionalidad en los controles policiales que afectan a la juventud es un fenómeno que encontramos en casi todos los lugares del mundo: por poner un ejemplo, en Londres y a lo largo del año 2012 las paradas policiales de niños y niñas entre 10 y 17 años supuso el 26% del total de los controles.

En este contexto surgió el proyecto “Mi Ciudad, Mundo Real” (MCRW, por sus siglas en inglés), lanzado hace cuatro años con el apoyo de Open Society Foundations. MCRW tiene como objetivo identificar, crear y promover mecanismos innovadores en los que las personas jóvenes puedan hacer oír su voz para reformar la institución policial, a fin de que ésta sea más justa. En el seno de MCRW se han impulsado proyectos como los Encuentros Críticos entre jóvenes y policías, o conferencias como la que se celebró entre los días 26 y 28 de junio en la ciudad de Belfast, en la que participaron jóvenes activistas de 16 ciudades del mundo entero y a la que tuve la enorme suerte de asistir.

El encuentro MCRW14 fue organizado por Public Achievement, entidad de Irlanda del Norte que trabaja con jóvenes para empoderarles y dotarles de mayor confianza en sí mismos, de tal manera que puedan alzar su voz y participar en los asuntos públicos. Public Achievement se constituyó en 1999 y podríamos decir que su historia ha sido paralela a la del proceso de paz y reconciliación llevado a cabo en Irlanda del Norte. También se contó con el apoyo de Open Society Justice Initiative, que lleva trabajando contra el perfil étnico en Europa y otros lugares del mundo desde el año 2005.

La ciudad de Belfast sirvió sin duda como escenario único para un encuentro de estas características. En pocos lugares se ha producido una reforma institucional tan profunda como en Irlanda del Norte, y más si se tiene en cuenta tanto la crudeza del conflicto entre lealistas y republicanos como los pocos años transcurridos desde que se llegase a un acuerdo en aquel Viernes Santo de 1998. Tanto Paul Smyth (CEO de Public Achievement e involucrado desde que tenía 13 años en el movimiento pacifista) como David Ford (Ministro de Justicia de Irlanda del Norte, único miembro del Gobierno elegido por unanimidad de los dos bandos) se encargaron de explicarnos a nuestra llegada tanto los términos del conflicto entre lealistas y republicanos como los distintos desafíos a los que se han tenido que enfrentar los norirlandeses – y a los que, en gran medida, todavía se enfrentan – en el camino hacia la convivencia pacífica. Fue admirable la serenidad y objetividad de ambos en el relato de una historia que tanto dolor ha causado y que todavía hoy sigue siendo controvertida.

Los detalles de la transición hacia la democratización y legitimidad de la policía los conocimos de la mano de cuatro mujeres íntimamente relacionadas con este proceso (el hecho de que fuesen mujeres ya es sintomático de la modernización de una institución tradicionalmente cooptada por hombres): Nuala O’Loane (primera defensora del pueblo para la policía, Police Ombudsman), Alyson Kilpatrick (Asesora de Derechos Humanos para la Junta de la Policía, organismo formado por representantes políticos y personas independientes), Joanne Murphy (Profesora de la Queens University, experta en análisis de las organizaciones) y Judith Gillespie (Jefa Adjunta de la Policía del Norte de Irlanda hasta marzo de este año). Las ponentes expusieron los distintos pasos que tuvieron que darse para transformar la institución policial, que ha pasado de ser una parte más del conflicto (y para muchos, brazo armado de los intereses lealistas) a ser una de las policías más transparentes y con mejores mecanismos independientes de supervisión, investigación y resolución de denuncias que existen en el mundo. Además, de forma paralela se llevó a cabo una profunda reforma en su plantilla, fomentando la jubilación de aquellos mandos resistentes al cambio así como la incorporación de agentes católicos mediante la política “50%-50%” para el reclutamiento: por cada agente protestante, necesariamente hay que contratar a un agente católico; en la actualidad se ha alcanzado ya un 30% de agentes católicos. Ahora bien, el camino hacia la paz sigue siendo complicado: los agentes de la policía (especialmente los católicos) todavía son objeto de represalias. La mayoría de los agentes no cuentan a nadie de su entorno que son policías, ni siquiera a sus propios hijos. Todas las mañanas tienen que mirar en los bajos de sus vehículos en busca de bombas; uno de ellos nos dijo que les cuenta a sus hijos que lo hacen por si se hubiese colado un gato debajo. Unas vacaciones estuvo con su familia de vacaciones en el extranjero y alquilaron un coche; uno de sus hijos le preguntó: “¿no miras si hay gatos debajo?”

Este escenario, como decía, sirvió para que activistas jóvenes venidos de ciudades muy distintas (desde Río de Janeiro hasta Nairobi, pasando por Nueva York, Londres, o Barcelona) compartiesen los desafíos existentes en sus relaciones con la policía. Además de la criminalización de las minorías étnicas (sobre todo de aquellos integrantes más jóvenes; ésta es desgraciadamente una constante universal), se hizo patente la discriminación por parte de la policía hacia otros grupos. Un ejemplo de ello pueden ser las personas en exclusión social (en Budapest el grupo de personas sin hogar A Varós Mindenkié lleva años luchando contra la criminalización de su comunidad). También se puede hablar del caso del colectivo LGTBQ: en Nueva York la mera posesión de un preservativo se usa por la policía como prueba del delito de prostitución, como nos contaban desde Streetwise & Safe; y en relación con España, la FELGTB alertaba sobre la falta de respuesta debida por parte de la policía a las víctimas de delitos de odio homófobos. La pretendida “lucha contra la inmigración ilegal” es también un contexto en el que tienen lugar actuaciones policiales discriminatorias, y esto es especialmente notorio en países como Alemania, Suecia (y así tuvieron oportunidad de explicarnos desde el Consejo de la Migración alemán y el think tank sueco Arena Idé) o España. Las personas de origen romaní o gitano son estigmatizadas por la policía en todas partes en Europa; en este sentido fue especialmente interesante conocer el proyecto de litigio estratégico llevado a cabo por la Hungarian Civil Liberties Union contra el hostigamiento que sufren los roma, o el trabajo de la asociación de jóvenes gitanos suecos Unga Romer, que han conseguido establecer un diálogo con los mandos policiales después (y a pesar) del escándalo de los censos que criminalizaban a los romaníes.

Pero el encuentro MCRW14 también sirvió para intercambiar tácticas de cambio social, y muy especialmente, de reforma policial a través de la participación ciudadana (y más concretamente, de la juventud). Tanto la campaña berlinesa contra la violencia policial Kop como la organización catalana SOS Racisme Catalunya llevan años atendiendo y empoderando a víctimas de abusos policiales racistas; su relación con las víctimas les da la legitimidad necesaria para documentar el problema, hacer campañas contra el racismo institucional y presionar a las autoridades. La anfitriona Public Achievement ha creado una plataforma de jóvenes periodistas, campaigners y comunicadores audiovisuales llamada WIMPS, que es una especie de red social en la que los jóvenes pueden subir sus campañas y vídeos. Hace unos meses se celebraron elecciones municipales en Irlanda del Norte y algunos de los miembros de WIMPS acababan de cumplir 18 años, así que decidieron someter a los candidatos a una especie de proceso de selección que culminaba con una entrevista para valorar si cumplían o no los requisitos para depositar en ellos su confianza (y grabaron todo el proceso en este vídeo). Tampoco faltaron en el encuentro personas que se dedican a “vigilar al vigilante”: Justice Committee y Malcolm X Grassroots Movement, de Nueva York, llevan muchos años vigilando a la NYPD a través de la campaña conjunta CopWatch y nos formaron en sus estrategias de vigilancia. 

Los recursos audiovisuales también son una herramienta muy potente de cambio social. El grupo londinense de jóvenes productores de cine Fully Focused surgió tras los disturbios estudiantiles de 2011 porque no se sentían en absoluto representados por la manera en que los mass media reflejaban lo que estaba ocurriendo. Entendieron que los jóvenes involucrados en el conflicto con la policía sólo contarían lo que estaba ocurriendo si eran entrevistados por otros jóvenes. Hicieron un documental magnífico llamado Riots from Wrong y desde entonces lo han utilizado para hacer oír la voz de la juventud en los más de 70 eventos de presentación que han organizado. El encuentro MCRW también nos permitió conocer una serie de gadgets asequibles que pueden usarse para hacer vídeos. El grupo holandés DoeTank lanzó el año pasado un documental en el que se demostraba cómo, en situaciones idénticas, la policía sólo paraba e identificaba a personas no blancas. Para hacer este experimento y grabar a los agentes sin ponerse en peligro usaron unas gafas de sol con cámara incorporada (que pueden adquirirse por internet por unos 80 euros). Desde París vino un integrante del Ensemble Communications Participatives y nos enseñó aplicaciones y trucos para grabar vídeos profesionales con nuestro smartphone, al que podemos conectar micrófonos de corbata o un trípode alargado que nos permita sacar imágenes nítidas y hacer llegar la cámara hasta donde queramos (ambos gadgets muy asequibles).

Como no podía ser de otra forma en un evento con jóvenes activistas, también se habló mucho sobre redes sociales y aplicaciones para Smartphones. En Francia el proyecto Tweets 2 Rue (tuits de la calle) sirve para dar visibilidad sobre la situación de las personas sin domicilio fijo a través de las historias de cinco personas que se encuentran en esta situación. La campaña Stop Le Contrôle Au Faciès usó durante mucho tiempo los SMS para que víctimas de controles policiales discriminatorios, “por la cara”, denunciasen estas experiencias y ahora han lanzado una aplicación. También conocimos la aplicación Stop and Frisk Watch, de la New York Civil Liberties Union, que puede usarse cuando el perfil racial lo comete la NYPD.

Todas estas iniciativas, y muchas otras que se presentaron en el encuentro, resultan ser mucho más potentes cuando se hacen en coalición con varios grupos, como demuestran las experiencias del Reino Unido y Nueva York. El colectivo británico StopWatch es una coalición de colectivos de base, organizaciones, académicos y juristas que trabajan conjuntamente contra las prácticas policiales discriminatorias y promueven la adopción de buenas prácticas. StopWatch está detrás de las medidas que anunció recientemente la Ministra del Interior para reformar el sistema de identificaciones y cacheos, entre las que se incluyen muchas de las buenas prácticas por las que se llevaba mucho tiempo abogando desde StopWatch; buenas prácticas que, por cierto, bien podrían replicarse en España. Las Communities United for Police Reform de Nueva York son otro ejemplo de los resultados que puede tener la lucha conjunta de los distintos colectivos que sufren las actuaciones policiales discriminatorias (minorías étnicas y religiosas, colectivo LGTBQ, personas sin hogar, etc.). A ellos, a su lucha continua e incansable, les debemos también la existencia de una de las normativas anti-perfil policial basado en el sesgo más ambiciosas del mundo: el conocido como Community Safety Act, en el que por cierto, como dijimos por aquí, ojalá se inspirase también el legislador español.

Si bien resulta muy ambicioso hablar de una coalición “global” contra los abusos policiales discriminatorios, lo cierto es que este evento nos sirvió para comprobar que los conflictos entre la policía y las comunidades trascienden las realidades locales. Por este motivo, las iniciativas llevadas a cabo en una determinada ciudad sirven de inspiración para otros lugares del mundo, y ya se está empezando a crear una red informal de ayuda mutua e intercambio de información. Todos los participantes hemos vuelto de Belfast con la maleta llena de ideas, energía, esperanza y, lo que es más importante, nuevos compañeros y compañeras. 

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